miércoles, 24 de febrero de 2010

Padre, Papá o Bebé - Por: DANIEL SAMPER


Hasta hace cosa de un siglo, los hijos acataban el cuarto mandamiento como si no fuera dictamen de Dios sino reglamento de la Federación de Fútbol. Imperaban normas estrictas de educación: nadie se sentaba a la mesa antes que el padre; nadie hablaba sin permiso del padre; nadie se levantaba si el padre no se había levantado; nadie repetía almuerzo, porque el padre solía dar buena cuenta de las bandejas: por algo era el padre...

La madre ha constituido siempre el eje sentimental de la casa, pero el padre era la autoridad suprema. Cuando el padre miraba fijamente a la hija, esta abandonaba al novio, volvía a vestir falda larga y se metía de monja. A una orden suya, los hijos varones cortaban leña, alzaban bultos o se hacían matar en la guerra.

- Padre: ¿quiere usted que cargue las piedras en el carro y le dé de beber al buey?

¡Qué verraquera era el padre!

Todo empezó a cambiar hace unas siete décadas, cuando el padre dejó de ser el padre y se convirtió en el papá. El mero sustantivo era una derrota. Padre es palabra sólida, rocosa; papá es apelativo para oso de felpa o perro faldero. Demasiada confiancita. Además -segunda derrota- "papá" es una invitación al infame tuteo. Con el uso de papá" el hijo se sintió autorizado para protestar, cosa que nunca había ocurrido cuando el padre era el padre:

- ¡Pero, papá, me parece el colmo que no me prestes el carro...!

A diferencia del padre, el papá era tolerante. Permitía al hijo que fumara en su presencia, en vez de arrancarle de una bofetada el cigarrillo y media jeta, como hacía el padre en circunstancias parecidas. Los hijos empezaron a llevar amigos a casa y a organizar bailoteos y bebetas, mientras papá y mamá se desvelaban y comentaban:

- Bueno, tranquiliza saber que están tomándose unos traguitos en casa y no en quién-sabe-dónde.

El papá marcó un acercamiento generacional muy importante, algo que el padre desaconsejaba por completo. Los hijos empezaron a comer en la sala mirando el televisor, mientras papá y mamá lo hacían solos en la mesa. Y a coger el teléfono sin permiso, y a sustraer billetes de la cartera de papá, y a usar sus mejores camisas. La hija, a salir con pretendientes sin chaperón y a exigirle al papá que no hiciera mala cara al insoportable novio y en vez de "señor González", como habría hecho el padre, lo llamara "Tato".

Papá seguía siendo la autoridad de la casa, pero bastante maltrecha.
Nada comparable a la figura procera del padre. Era, en fin, un tipo querido, de lavar y planchar, a quien acudir en busca de consejo o plata prestada.

Y entonces vino papi.

Papi es invento reciente, de los últimos 20 o 30 años. Descendiente menguado y raquítico de padre y de papá, ya ni siquiera se le consulta o se le solicita, sino que se le notifica.

- Papi, me llevo el carro, dame para gasolina...

A papi lo sacan de todo. Le ordenan que se vaya a cine con mami cuando los niños tienen fiesta y que entren en silencio por la puerta de atrás. Tiene prohibido preguntar a la nena quién es ese tipo despeinado que desayuna descalzo en la cocina. A papi le quitan todo: la tarjeta de crédito, la ropa, el turno para ducharse, la rasuradora eléctrica, el computador, las llaves...

Lo tutean, pero siempre en plan de regaño:

- Tú sí eres la embarrada, ¿no papi?

- ¡Papi, no me vuelvas a llamar "chiquita" delante de Jonathan

Aquel respeto que inspiraba padre, con papá se transformó en confiancita y se ha vuelto franco abuso con papi:

- Oye, papi, me estás dejando acabar el whisky, pendejo...

No sé qué seguirá de papi hacia abajo. Supongo que la esclavitud o el destierro. Yo estoy aterrado porque, después de haber sido nieto de padre, hijo de papá y papi de hijos, mis nietas han empezado a llamarme "bebé"


MI REFLEXIÓN:

Esto causa mucha risa leerlo pero como nos hace recordar cada consejo y advertencia de las Sagradas Escrituras acerca de HONRAR A LOS PADRES...Con razón es tan complejo conseguir que nuestros jóvenes honren AL PADRE CELESTIAL.


- Deuteronomio 5:16 Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová tu Dios te ha mandado, para que sean prolongados tus días, y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová tu Dios te da.


- Marcos 13:12 Y el hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.


- Romamos 1:30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres,...


- Efesios 6:1 Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo.- Colosenses 3:20 Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor.


- 2Timoteo 3:2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos,...


- Hebreos 12:9 Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos?...


- Mateo 15:4 Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre; y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.


- Mateo 15:5-6 "Pero ustedes dicen que uno no desobedece a Dios si le dice a sus padres: "No puedo ayudarlos, porque prometí darle a Dios todo lo que tengo, incluyendo mi dinero"."Ustedes no hacen caso de los mandamientos de Dios, con tal de seguir sus propias costumbres.

martes, 16 de febrero de 2010

CÓMO SER PERSONAS IMPOSIBLES DE OFENDER

EL PROFE

Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo.

Al terminar la clase, ese día de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo:

Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburridora.

El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado.

El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:
Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, ¿lo recibes?

El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.
Por supuesto que no - contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho.

Bueno, - prosiguió el profesor -, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.

No entiendo a qué se refiere. - dijo el alumno, confundido.

Muy sencillo, - replicó el profesor -, tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo, y yo, mi amigo, en verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad.

Muchacho, - concluyó el profesor en tono gentil -, tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa.
Yo no puedo controlar lo que tú llevas en tu corazón pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.

Cada día, en todo momento, tú puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón y lo que elijas lo tendrás hasta que decidas cambiarlo.
Si te ofrecen envidia, rabia e insultos y decides no aceptarlos, continuarán perteneciendo a quién los llevaba consigo.

Es tan grande la libertad que nos da Dios que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices.


¿Qué escogiste tú?

Proverbios 12:18
Hay quienes hablan como dando estocadas de espada: Mas la lengua de los sabios es medicina

Eclesiastés 10:12
Las palabras de la boca del sabio son gracia; mas los labios del necio causan su propia ruina.

Proverbios 10:19
En las muchas palabras no falta pecado: Mas el que refrena sus labios es prudente.


Proverbios 12:6
Las palabras de los impíos son para acechar la sangre: Mas la boca de los rectos los librará

Proverbios 22:17
Inclina tu oído, y oye las palabras de los sabios, Y pon tu corazón á mi sabiduría

sábado, 6 de febrero de 2010

LA HUMILDAD


Construyamos nuestro Carácter
Humildad

Quien se niega a reconocer sus errores jamás podrá triunfar; pero si los acepta y los corrige, tendrá una nueva oportunidad

Dado que vivir es aprender basados en el ensayo y en el error, cometemos muchísimas equivocaciones. Sin embargo, El problema no está en las equivocaciones, el problema es vivir equivocado. Principalmente porque no sabemos reconocer nuestros desaciertos, ni mucho menos apartarnos de ellos.

Ser humilde significa asumir la responsabilidad por las acciones incorrectas que emprendemos. Si no somos humildes, no tendremos la oportunidad de crecer como personas.

Cuando nos equivocamos, la única forma de empezar a enmendar nuestro error es admitiéndolo, aceptando nuestra responsabilidad y renunciando a seguir quebrantando la norma. Quien admite su error asume una actitud humilde ante la situación. La oportunidad para corregirnos y cambiar sólo es posible cuando nos sentimos sin cargos de conciencia.

El error más serio que podemos cometer, es saber que estamos equivocados y no hacer nada para cambiar. Al decir la verdad, al admitir el error, lo sacamos al exterior y lo hacemos visible. Únicamente mediante la humildad obtendremos otra oportunidad y estaremos edificando en nosotros y en quienes nos rodean.

La humildad es poderosa porque nos limpia y nos permite mostrarnos como somos, sin necesidad de aparentar o de esconder las fallas. La humildad nos da una gran valía como personas.

En las personas humildes podemos ver la manera correcta de actuar ante los errores: los aceptan, los reconocen y se apartan de las acciones erróneas.

Ingredientes

En las personas humildes podemos ver la manera correcta de actuar ante los errores:

Antes que nada, los aceptan y públicamente se excusan ante otros, sin importar si son equivocaciones pequeñas o grandes.

Los reconocen, admitiendo su equivocación y, sobre todo, su responsabilidad.

Se apartan de ellos, tomando una nuevo camino; muchas completamente opuesto al que llevaban.

Muchas personas creen que la humildad es una especie de inferioridad y subvaloran este atributo del carácter. Quien no es humilde suele defenderse con razones falsas, auto-justificándose en todo lo que hace mal y termina por destruir su carácter y generar la compasión o el desprecio de quienes lo rodean.

Beneficios

En realidad, el no ser humildes es un problema de exceso de ego. Muchas veces, por no saber ser humildes, aceptamos halagos falsos de los amigos, de la familia o de quienes apenas nos conocen. Es posible que también nosotros demos falsas opiniones a los otros para no lastimar su ego. En estas situaciones ¿Dónde está la honestidad? Con esta clase de comportamientos, nunca aprenderemos a ser humildes y es posible que le estemos negando a otros la oportunidad de crecer.

El no ser humildes trae como consecuencia:

Perdemos oportunidades de crecimiento individual, familiar y social, porque no reconocemos las áreas que debemos cambiar.
Perdemos de vista la realidad de quienes somos y tendemos a cometer los mismos errores una y otra vez, sólo que en cada ocasión las consecuencias serán más grandes y más graves.
En la medida en que mentimos para justificarnos terminamos por creer nuestras propias mentiras.
Cuando asumimos posiciones de defensa, creamos las mismas posiciones en las otras personas. Casi sin proponérnoslo aumentamos los conflictos con los demás.

Los principios universales nos invitan a que siempre admitamos los hechos cuando obremos mal.

Pasos a seguir

Para desarrollar la humildad hay que actuar como los humildes:

Admita cuando esté equivocado y expréselo públicamente. Cuando voluntariamente nos rebajamos al aceptar nuestros errores, seremos exaltados por los demás.

Evite la exaltación del ego (sobre todo del suyo). El camino a la humillación es cuando otros descubren nuestras faltas y las sacan a relucir.

Nunca esconda sus equivocaciones ni disculpe con mentiras sus malas acciones. Aunque esto implique consecuencias como la crítica o la perdida de popularidad; en el mediano plazo, la humildad será su garantía de carácter.

Sea humilde y ganará Carácter. Esto, que parece una contradicción, es la medida de la vida interior sana. La humildad requiere mucho valor.

El ser humildes es reconocer que aún estamos aprendiendo, que no lo sabemos todo, que estamos en un proceso de crecimiento y que necesitamos que la vida fluya en nosotros. Si lo sabemos todo, entonces nada fluirá hacia nosotros y estaremos muertos y sepultados bajo nuestro orgullo.

¡Atrevámonos a ser humildes!

La aplicación honesta de los principios, los convierte en hábitos; a su vez, los hábitos correctos le añaden valor al carácter; todo lo que eleva el sentido moral tiende a ser protegido, preservado y empleado para bien.

Reflexione y responda

¿Qué miedos experimenta cuando admite sus errores?
¿Qué experimenta cuando ha sido humilde delante de otros?
¿Qué beneficios recibimos al practicar la humildad?

Nunca vamos por la vida haciendo todas las cosas bien, pero la humildad hará que los
demás nos admiren.